Las mujeres de México toman las calles para protestar contra la violencia

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CIUDAD DE MÉXICO —Decenas de miles de mujeres desaparecieron de las calles, las oficinas y las aulas en todo México el lunes como parte de un paro laboral para protestar por la violencia que sufren y para exigir al gobierno que tome medidas.

La ausencia de las mujeres de los espacios públicos intentaba ser un recordatorio de que cada día, diez mujeres son asesinadas en México y desaparecen para siempre, dijeron las organizadoras.

“Ya no es humanamente posible seguir viviendo en un país donde asesinan a una mujer de la manera más brutal y no haya consecuencia alguna, y que haya una cultura que lo sustente y lo permita”, dijo Lorena Wolffer, artista y activista feminista.

El paro, así como una marcha que atrajo a decenas de miles de mujeres a las calles el domingo fueron un parteaguas para México, un país que durante mucho tiempo ha sido incapaz de lidiar con el machismo arraigado y la violencia de género

La acción colectiva sin precedentes también puso a prueba el liderazgo del presidente Andrés Manuel López Obrador. En las semanas anteriores, cuando protestas menos numerosas sacudieron Ciudad de México, pareció incapaz de reconocer la magnitud de la creciente frustración al culpar los asesinatos de mujeres en “políticas neoliberales pasadas” y responder a las demandas de las manifestantes de maneras que los críticos calificaron de desatinadas, insensibles o condescendientes.

La mañana del lunes, López Obrador dijo que el movimiento feminista luchaba por una causa “legítima”, pero, argumentó, como ha hecho antes, que la marcha y el paro estaban siendo promovidos por oponentes políticos “que quieren ver que este gobierno fracase”.

“Yo sostengo que lo principal es garantizar el bienestar de la gente”, dijo cuando se le preguntó cómo pensaba responder su gobierno a los pedidos de las manifestantes.

Al remontarse a sus promesas de campaña, añadió que iba a “combatir la desigualdad social y económica, luchar contra la pobreza y la desintegración de las familias”.

Al tiempo que la violencia en el país aumenta, la cantidad de feminicidios, es decir el asesinato de niñas y mujeres a causa de su género, también ha escalado. En 2019 las autoridades mexicanas registraron 1006 asesinatos de ese tipo, un 10 por ciento más que el año anterior.

ImageMuchos vagones del metro en Ciudad de México iban sin pasajeras el lunes, cuando miles de ellas se quedaron en casa durante un paro a nivel nacional.
Credit…Luis Antonio Rojas para The New York Times

El amplio apoyo que recibieron tanto la marcha como el paro también fueron inspirados por el movimiento global #MeToo y por la indignación a causa de los recientes asesinatos de Ingrid Escamilla, de 25 años que fue desollada y desentrañada, y de Fátima Cecilia Aldrighett, de siete años, cuyo cadáver fue ubicado en una bolsa de plástico.

La violencia ha generado un debate nacional en torno a la violencia de género y la arraigada cultura del machismo en México que ha logrado trascender las divisiones tradicionales que caracterizan a la sociedad mexicana, altamente estratificada: edad, clase, raza y afiliación política.

Muchos lugares de trabajo en todo el país lucieron vacíos de mujeres el lunes y algunas escuelas optaron por cerrar. En redes sociales circularon imágenes de redacciones, oficinas gubernamentales y escuelas sin mujeres ni niñas. Hasta la conferencia matutina del presidente López Obrador tenía filas de sillas vacías debido a que la mayoría de las periodistas la boicotearon.

Isaura Miranda, bióloga, dijo que ella había reflexionado mucho sobre su decisión de unirse al paro debido a sus responsabilidades en un centro de investigación en el que trabaja.

“Me dije, ‘algo tienes que hacer’”, comentó Miranda entre lágrimas. “No puedo seguir sintiendo esta rabia, esta impotencia por tantas muertes tan crueles y tan indignas”.

“Además, no quiero que mi hija salga un día de la casa y nunca más regrese” agregó.

Algunas de las empresas más grandes del país, entre ellas Walmart y Bimbo aseguraron a sus empleadas que no enfrentarían sanciones si se ausentaban del trabajo. Muchos funcionarios, celebridades y líderes religiosos, así como agencias de gobierno locales, estatales y federales apoyaron la medida, que fue promovida con la etiqueta#UnDíaSinNosotras.

La mañana del lunes muchas taquillas de metro en Ciudad de México, la mayoría atendidas por mujeres, amanecieron cerradas.

Las autoridades intentaban estimar cuántas mujeres habían participado. Si todas en el país lo hubiesen hecho, habría representado un costo de 1370 millones de dólares para la economía nacional, de acuerdo con uno de los grupos empresariales del país, Concanaco Servytur.

El domingo, las mujeres de todo México hicieron lo contrario: en lugar de quedarse en casa, abarrotaron las calles, protestando para hacer oír sus demandas. Entonaron himnos feministas escritos para celebrar el día y llevaron a cabo actuaciones artísticas. En las plazas públicas de decenas de ciudades de todo el país se pronunciaron discursos y se animaron unas a otras.

“¡Disculpen las molestias, pero nos están asesinando!” se leía en el letrero que llevaba una manifestante.

En el Zócalo, la principal plaza del centro histórico de Ciudad de México, algunas activistas feministas pintaron los nombres de mujeres que han sido asesinadas o desaparecidas en años recientes.

Rita Hernández, de 61 años, dijo que había llevado a sus nietas a la marcha del domingo sin permiso de su papá pues sabía que él no lo habría permitido.

“Es importante que ellas se den cuenta, que luchen y cambien lo que nosotras no pudimos”, dijo Hernández con lágrimas en los ojos. “Ya, ya fue demasiado, ¡ya basta!”

Su nieta, Joana Monserrat García, de 11 años, dijo que se rebelaba contra el machismo que vivía en casa.

“Mi papá es una machista. No nos deja cortarnos el pelo, vestirnos así con jeans pegados o tener amigos hombres”, dijo Joana al marchar con su hermana y abuela. “Ya decidí que no voy a obedecer a esas reglas.”

Muchas de las mujeres que salieron el domingo a la calle dijeron estar frustradas con la incapacidad del gobierno para proteger a las mujeres.

“Estamos todas en peligro” dijo Evangelina Lara.

Lara llevaba un letrero con una imagen de su hija, que tenía 26 años cuando se lanzó de un taxi en movimiento para escapar del acoso del conductor. Otro auto la atropelló y murió.

“Estoy aquí por ella”, dijo Lara.

Algunos grupos de derechos de las mujeres y colectivos feministas han instado al gobierno a crear una fiscalía especial para feminicidios y casos de desaparición. Otros han presentado demandas más amplias que van desde derechos reproductivos hasta igualdad salarial.

El movimiento feminista en México ha ganado fuerza el año pasado y en ocasiones se ha tornado violento; algunas manifestantes han atacado estaciones de policía o pintado consignas en edificios del gobierno.

El domingo, una persona lanzó un cóctel Molotov, lo que causó heridas a miembros de la prensa y oficiales de policía, algunas de ellas mujeres.

A finales de agosto, las autoridades se vieron sorprendidas por el alboroto de las manifestantes. La jefa de gobierno de la ciudad, Claudia Sheinbaum, en un inicio condenó a las manifestantes por dañar monumentos históricos. Después de la reacción en su contra, se reunió con grupos de mujeres, creó un registro para criminales sexuales y empujó la aprobación de una orden que castiga con seis años de cárcel a quienes compartan contenido sexual sin consentimiento.

Antes del paro, Sheinbaum dijo que aproximadamente 150.000 mujeres que trabajan para la ciudad no serían penalizadas por faltar al trabajo el lunes.

Mientras que algunas mujeres celebraron la marcha y el paro, otras fueron más cautas al considerar el impacto real.

“Sí, hemos conquistado varias victorias últimamente”, dijo Wolffer, la artista. “Pero al mismo tiempo, nunca nos habían asesinado a tantas, algo más tiene que salir de todo eso.”

Y para muchas otras mujeres las protestas eran un privilegio fuera de su alcance.

Juanita Hernández, una vendedora de comida callejera que trabaja seis días por semana para mantener a sus cuatro hijos, dijo que su esposo, ya fallecido, la agredía físicamente. Un día, recordó, le pegó tan fuerte que le rompió varios dientes.

“Cuando mi esposo falleció, pude descansar de todo ese abuso, pero ahora no me puedo dar el lujo de descansar un día para protestar esa misma violencia”, dijo.

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